La necesidad de garantizar la máxima seguridad en determinadas instalaciones ha hecho que el control de accesos se haya convertido en elemento imprescindible en infinidad de situaciones. Lo más común es verlos en entradas a empresas para asegurarse de que solo los empleados ingresan al recinto, pero también se instalan con frecuencia en espacios a los que no pueden acceder personas no autorizadas, como puede ser el laboratorio de un hospital o una zona particularmente sensible de la empresa a la que solo tienen acceso los que trabajan en ese departamento.

Los controles de accesos han supuesto un paso importante en la seguridad de cualquier tipo de recinto, ya que complementan y a veces incluso sustituyen a la vigilancia física, que tiene un elevado coste.

Diferentes controles de acceso

La tecnología, además, ha supuesto que este tipo de mecanismos haya dado pasos de gigante en los últimos años. Del tradicional teclado numérico o la tarjeta cifrada se ha pasado a otros sistemas mucho más seguros y sofisticados que tienen en cuenta aspectos infalsificables, como son la huella dactilar o la forma del iris.

La gran ventaja de estos últimos es que ofrecen máxima seguridad. Una tarjeta o un número se pueden falsificar, se pueden robar o se puede proporcionar conscientemente a otra persona. Algo que, evidentemente, es imposible hacer con la huella o el iris.

Y a ello se suma que este tipo de sistemas llevan programas informáticos que permiten saber no solo quién accede, sino el momento exacto en el que lo hace o cuántas veces lo hace en un determinado periodo de tiempo, de modo que son también un método efectivo de control de personal.

Un control de accesos es, por tanto, importante para garantizar la seguridad de lugares de acceso o paso restringido, pero también por cuestiones organizativas de las empresas.

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